sábado, 26 de noviembre de 2011

importancia de los animales mamiferos

Desde que Alexander Von Humbolt enfocó la atención del mundo hacia los bosques tropicales del Nuevo Mundo, existe una creciente fascinación con respecto al número de plantas y animales que habitan en ellos.
Pero no es sino recientemente que hemos comenzado a comprender cómo estas plantas y animales viven y dependen unos de otros para su supervivencia. Y es ahora que nos hemos dado cuenta que muchas de estas especies se encuentran en peligro de extinción.
Hoy día, escuchamos con frecuencia que la biodiversidad del bosque tropical está en peligro y que gran parte de la culpa la tienen los seres humanos. ¿Qué significa esto? ¿Por qué es importante tratar de conservar nuestra flora y fauna? Una simple razón es precisamente para conservar la gran diversidad de especies -única en el planeta- que concurren en estos ecosistemas. Como es evidente, si algunas especies desaparecen antes de comprender cómo viven o antes de conocer su existencia, habrá un vacío en nuestro conocimiento que nunca podremos reemplazar o recrear.
Pero existe una razón aún más importante y aún más difícil de racionalizar: la supervivencia misma de la raza humana depende de la calidad de su medio ambiente. Es difícil adaptamos a grandes cambios a corto plazo. Si consideramos, por ejemplo, la condición actual de las personas en el área del Sub-Sahara en África resulta difícil creer que, no hace mucho tiempo, esta área era fértil, y que la mayor parte del sur de esta región eran bosques tropicales. Muchos de los organismos que viven en los bosques dependen de otros para sobrevivir; al amenazar una especie ponemos en peligro a otras que están interrelacionadas a ella. De hecho, ponemos en riesgo la vida misma del bosque, y al convertir los bosques neotropicales en desiertos se produce un gran cambio a corto plazo en nuestro medio ambiente, al cual es difícil que nos podamos acomodar.
Podemos conservar muestras de bosques tropicales declarándolos parques nacionales y protegiéndolos, pero a medida que aumentan las demandas de la población, es mayor la presión que se ejerce sobre los bosques nacionales. Una de las esperanzas para preservar grandes extensiones de bosques tropicales radica en la capacidad que tengamos de saber cómo explotarlos de una manera sostenible. Para que tal manejo sea posible, es esencial entender sus relaciones ecológicas o cómo las diferentes plantas y animales se interrelacionan. Existen especies que consideramos más valiosas que otras y, por lo tanto, nos esforzamos por conservarlas, ignorando muchas veces que todas son importantes entre sí, y que las unas difícilmente pueden sobrevivir las otras.
En los bosques utilizados de manera sostenible algunas especies pueden ser cultivadas como fuente de proteína, cuero o para fines medicinales, y si son aprovechadas adecuadamente pueden ser cultivadas indefinidamente. En los bosques manejados con fines económicos, los animales pueden participar de la cadena biológica sin que por ello tenga que disminuir el rendimiento de los productos vegetales, como por ejemplo, la madera.
En este escrito describiremos lo que se conoce sobre las relaciones entre un grupo de mamíferos (pecarí de collar o saíno, pecarí de labios blancos o puerco de monte, paca o conejo pintado y rata espinosa o mocangué) -los más importantes suplidores de carne para las personas que viven en el bosque- y los alimentos vegetales de estos mamíferos, y analizaremos los efectos sobre la comunidad del bosque si una de estas espedes desaparece.
¿Podría la ausencia de una especie de mamífero afectar negativamente al bosque? Definitivamente que la ausencia de un organismo conlleva importantes consecuencias para toda la comunidad; peor aún, si una de las especies desaparece nunca podremos adquirir los conocimientos sobre las interrelaciones entre las especies más importantes y jamás podremos comprender su función en la comunidad. Aparentemente, algunas especies pueden vivir solas en áreas de bosques maduros y requieren de una gran extensión para lograr reproducirse exitosamente. Si queremos preservar tales especies, debemos aprender cómo pueden sobrevivir bajo situaciones ecológicas alteradas, pero antes debemos aprender más sobre sus requerimientos ecológicos básicos en condiciones naturales.
Estacionalidad del bosque tropical
El grupo de mamíferos que se estudiará en este artículo, a excepción de una especie, se encuentra únicamente en los bosques latifoleados (no coníferos o bosques con árboles de hoja ancha), desde el sur de México hasta el norte de Argentina. Para poder comprender las interrelaciones ecológicas entre ellos y sus fuentes de alimentos, es importante considerar dos características del bosque en general. La primera es que los alimentos varían según la estación, por lo tanto hay por lo menos un periodo al año en que las fuentes de alimentos escasean. Durante muchos años se pensó que en los bosques tropicales existía abundancia de comida, y que los animales vivían allí en condiciones que no cambiaban durante el año. Ahora sabemos que éste no es el caso. La evidencia indica que en la mayoría de los bosques tropicales húmedos no solamente hay una escasez periódica de alimentos, sino que la severidad de la escasez es impredecible.
¿Por qué existe un periodo de escasez? Una característica notable de la lluvia tropical es que las lluvias son cortas y fuertes; así, una gran cantidad de agua llega al suelo del bosque. Esta agua de lluvia erosiona la tierra. La erosión a su vez, tiene dos componentes importantes: uno es mecánico, mediante el cual el agua de lluvia remueve físicamente las partículas de tierra, y el otro es químico, mediante el cual el agua disuelve y remueve substancias solubles que se encuentran cerca de la superficie. La cantidad de tierra removida a causa de la erosión mecánica es proporcional al volumen de agua y a la velocidad con la que la misma cae al suelo, de manera que una lluvia fuerte y corta erosiona más la tierra que la misma cantidad de agua de lluvia distribuida en un periodo más prolongado de tiempo. La erosión química es también muy alta en el bosque tropical porque la solubilidad de las sales aumenta a la par de la temperatura, y porque muchas de las sales solubles son resultado de la descomposición de la hojarasca, descomposición ésta que es rápida debido a las condiciones de alta temperatura y humedad del bosque. Como resultado de estos factores, el suelo de los bosques tropicales húmedos está constituido por todo aquello que la lluvia no pueda llevarse con ella, es decir, el barro pesado, impermeable e infértil.
La mayoría de los bosques tropicales de tierras bajas tienen una o más estaciones durante las cuales la cantidad de lluvia que cae es mucho menor que el promedio mensual. Durante estos periodos de sequía, muchos árboles sufren por falta de agua. Los árboles cambian de hojas periódicamente, porque las hojas, cuando están “trabajando”, son el lugar por donde la planta pierde más agua. Un buen momento para botar las hojas viejas es, por lo tanto, durante el periodo de escasez de agua. Este coincide con la época en que la descomposición orgánica es lenta por la poca humedad, y las hojas caídas permanecen en el suelo del bosque. Al final de la estación seca el suelo del bosque aparece cubierto con una capa gruesa de hojas y ramitas caídas. Pero cuando la lluvia comienza a caer de nuevo la hojarasca acumulada comienza a descomponerse rápidamente, y hay un periodo durante el cual los productos de esta descomposición aumentan considerablemente la fertilidad de la superficie del suelo.
Este periodo de fertilidad causa una gran explosión de actividad en el bosque. Los árboles con raíces en, o cerca de, la superficie del suelo absorben rápidamente la mayor cantidad posible de nutrientes y producen frutos, semillas y hojas nuevas. Muchos animales -insectos, aves y mamíferos- que se alimentan de los productos de los árboles, se reproducen en esta época aumentando así su población y éstos, a su vez, sirven de alimento para sus depredadores. En Panamá, la estación lluviosa comienza generalmente en abril o mayo, de manera que desde mayo hasta agosto hay un periodo de abundancia general de alimentos en el bosque. Pero las lluvias continúan, y para finales de agosto la hojarasca ya se ha descompuesto y su producto ha sido absorbido por las plantas o lavado por el agua de lluvia. En septiembre, comienza un periodo de escasez y entre septiembre y abril el alimento llega a ser realmente escaso.
Tamaño de la semilla
La segunda característica del bosque que debemos mencionar es que desde hace millones de años, en el proceso evolutivo de los árboles, ha existido una competencia entre las distintas especies por acceso a la luz. Los árboles más altos y aquellos cuyas coronas están más expuestas al sol son los que mejor sobreviven. Para poder captar más luz, los árboles crecen y sus copas se hacen más densas. Cada individuo trata de captar la luz, mientras que sus copas son empujadas por otros que tratan de hacer lo mismo, ocupando así todo el espacio libre. El resultado es un dosel cerrado que permite que muy poca luz penetre hasta el suelo. Precisamente porque existe poca luz en el suelo del bosque, las semillas tienden a tener una gran reserva de alimento. Aunque esto no quiere decir que sólo aquellos árboles con semillas grandes sobrevivan, de hecho sí es un factor que incide sobre el tamaño del fruto, y explica el por qué algunos árboles producen semillas tan grandes.
Diversidad de las especies
El fenómeno de la diversidad de las especies en el bosque tropical es de todos conocido. Stephen Hubbell, investigador asociado al Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, ha demostrado que en un bosque tropical seco en Costa Rica la dispersión de individuos de ciertas especies puede no ser tan matemáticamente perfecta como se pensaba, y que son comunes las aglomeraciones de individuos de las misma especie. El trabajo de investigación,que viene realizando indica que lo mismo sucede en la isla de Barro Colorado en Panamá. Especies solitarias existen generalmente en casos de extremas condiciones edáficas (con alta acidez o humedad) en donde sólo una especie ha desarrollado la habilidad de sobrevivir. Algunas especies de cativo o de palmas pueden aparecer en suelos pantanosos en donde ninguna otra especie compite con ellas, pero en bosques tropicales de tierras bajas en el Nuevo Mundo es poco común encontrar grandes extensiones de una sola especie. Esta dispersión es probablemente adaptiva porque los insectos, hongos y otros organismos que atacan a los árboles tienden a ser’ ‘especies específicas”, es decir que atacan solo una especie de árbol, y si el árbol se intercala con otras especies se le hace más difícil a estas plagas viajar de árbol a árbol de la misma especie. No es raro encontrar hasta más de 100 especies de árboles en una hectárea de bosque tropical. La diversidad natural no es solo una de las características más sobresalientes de un bosque tropical, sino que es una característica esencial para la supervivencia del mismo.
Dispersión de semillas
Ahora nos encontramos con una situación en donde la reproducción de árboles adultos depende también, hasta cierto punto, de lo dispersa que sea su distribución, y es evidente que, en un bosque donde existe una diversidad tan grande, cada especie tiene que aprovechar las oportunidades que se le presenten a lo largo del tiempo y el espacio, para encontrar nuevos miembros de su propia especie para reproducirse. Bajo un dosel (el estrato donde se encuentra las copas de los árboles más altos) cerrado, una semilla con una gran reserva alimenticia puede germinar y crecer, y el árbol joven puede incluso alcanzar cierta altura, pero a menos que una apertura aparezca en el dosel debido a la muerte o caída de un árbol, es imposible que la copa del árbol joven atraviese el dosel y logre captar la luz. El árbol adulto tiene que producir suficientes semillas para que una de ellas esté en el lugar apropiado y en el momento oportuno para aprovechar dicha apertura en el dosel. Por lo tanto, los árboles deben tener algún método de dispersión de sus semilla. Para aquellos que dependen de grandes reservas de alimentos para que sus embriones se desarrollen, y que compensan así la falta de luz, esto presenta un problema ya que la semilla resulta demasiado grande para facilitar su dispersión.
Se estima que un 50%-90% de las semillas en los bosques neotropicales son dispersas por animales. Algunas desarrollan un componente que atrae el agente dispersador (se las tragan y las digieren en sitios potenciales de germinación), pero aquellas semillas qué dependen de grandes reservas de alimento, son demasiado grandes para ser tragadas, y dependen entonces de animales que las recojan y las lleven a otros sitios a germinar.
Protección de semillas
Una semilla grande constituye un objeto valioso de alimento, por lo que no nos sorprende que las mismas hayan desarrollado un método de protección para evitar ser explotadas. La forma usual de protección es una cáscara dura (generalmente el endocarpio),o algún grado de toxicidad en la capa comestible. Tampoco es raro encontrar animales que hayan desarrollado métodos para sobreponerse a esta protección. El tipo de protección que se discutirá aquí es aquel donde la semilla presenta un cascarón duro, como es el caso de la palma “chunga” (Astrocaryum spp.), la palma real (Scheelea spp.) y el “almendro” (Dipteryx spp.). Es interesante observar la relación ecológica que existe entre la protección de estos árboles, y las formas que los animales han desarrollado para sobreponerse a ella. Los animales cuentan con tres características principales para penetrar el caparazón. El pecarí de labios blancos y el pecarí de collar (saíno) pueden romper estas semillas con sus fuertes mandíbulas; roedores tales como el agutí y el agoutí roen a través de la capa superior y extraen la parte alimenticia con sus largos dientes inferiores; las larvas de los escarabajos de la familia Bruchidae, o gorgojos, perforan la capa superior de la semilla y consumen la parte interior antes de convertirse en adultos. La paca o conejo pintado no es tan diestra como el agutí y le es difícil agarrar la semilla para poder roerla, aunque muchos tratan de hacerlo.
Los depredadores y las dispersión de semillas
Con todos estos enemigos y depredadores, parece justo preguntar, ¿cómo sobreviven estas semillas y cómo se dispersan? La respuesta contempla la interacción competitiva de todos los animales mencionados anteriormente, aunque también depende de factores estacionales y de los efectos de otros árboles con frutos.
Debemos señalar que ya casi no existen escenarios donde esta interacción no haya sido alterada. El Parque Nacional Manu, en las tierras bajas de la amazona peruana, es probablemente el área más extensa de estudio intensivo donde la influencia humana es casi nula, pero aún ahí, el pécari de labios blancos (puerco de monte) se encuentra en peligro de extinción porque las manadas grandes se extienden más allá de los límites del parque, y son atacadas por cazadores. Las seis especies descritas a continuación representan una fuente importante para los habitantes de las regiones bajas de los bosques neotropicales. Las ardillas y otros roedores, que tienen el mismo efecto sobre las semillas no se discutirán por ser estas especies habitantes muy recientes de Suramérica.
Los escarabajos
Las hembras en estado de gravidez de varias especies de escarabajos o gorgojos de la familia Bruchidae buscan semillas de cascarón duro en el suelo del bosque. Las hembras depositan uno o más huevos en cada semilla y las larvas la perforan, comen el endocarpio, matan el embrión, y permanecen en ellas hasta su metamorfosis. En algunas especies de árboles el mesocarpio está protegido por una capa superior conocida como pericarpio. En estos casos los gorgojos o escarabajos no pueden penetrar la semilla y tienen que buscar estas semillas con el mesocarpio y pericarpio ya podrido o pelado.

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